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El Alcance De La Mente Rhine Pdf


His paper "Security Versus Deception in Parapsychology" published in his journal (vol. 38, 1974), runs to 23 pages... Rhine selects twelve sample cases of dishonest experimenters that came to his attention from 1940 to 1950, four of whom were caught 'red-handed'. Not a single name is mentioned. What papers did they publish, one wonders?




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This has suggested to Gardner that Rhine practiced a "secrecy policy". Gardner mentioned inside information that files in Rhine's laboratory contain material suggesting fraud on the part of Hubert Pearce.[27] Pearce was never able to obtain above-chance results when persons other than the experimenter were present during an experiment making it more likely that he was cheating in some way. Rhine's other subjects were only able to obtain non-chance levels when they were able to shuffle the cards, which has suggested they used tricks to arrange the order of the Zener cards before the experiments started.[28]


Joseph Banks Rhine (29 de septiembre de 1895-20 de febrero de 1980), usualmente conocido como J. B. Rhine, fue un botánico estadounidense que estableció la parapsicología como una rama de la psicología.


Rhine escribió las obras Extrasensory Perception (Percepción extrasensorial) y Parapsychology: Frontier Science of the Mind (Parapsicología. Ciencia fronteriza de la mente).


Rhine, junto con William McDougall, acuñó el término "parapsychology" ("parapsicología"), traduciendo un término alemán introducido por Max Dessoir. Se ha dicho que Rhine desarrolló, por sí solo, una metodología y conceptos para la parapsicología como una forma de psicología experimental; sin embargo, sus grandes contribuciones, algún trabajo anterior, tanto analítico como estadístico, se habían llevado a cabo en Europa, notablemente los trabajos experimentales de Oliver Lodge.


Rhine fundó instituciones necesarias para la continua profesionalización de la parapsicología en los Estados Unidos, incluyendo la formación de la Asociación Parapsicológica. Su organización estaba originalmente asociada a la Universidad de Duke pero ahora se encuentra separada.


Jim [James D. MacFarland] en realidad consistentemente falsificaba sus registros [...] Para producir aciertos extra Jim tuvo que recurrir a borraduras y transposiciones en sus registros de series de identificaciones.


Los experimentos consistían en barajar un mazo de estas cartas y ser sacadas por un supervisor, el cual seleccionaba una sin que el sujeto del estudio la viera, teniendo este que adivinarla posteriormente.


La ausencia de resultados positivos y reproducibles es una razón por la que científicos y materialistas concluyen que la existencia de estos fenómenos no se puede establecer científicamente por otra cosa que no sean evidencias estadísticamente fuertes de estudios correctamente controlados en laboratorio.


La principal discusión actual sobre la percepción extrasensorial gira en torno a si se han logrado ya tales pruebas de laboratorio estadísticamente convincentes. Algunos disputan la interpretación positiva de los resultados obtenidos en estudios científicos sobre percepción extrasensorial, pues los resultados más convincentes y reproducibles son todos estadísticamente pequeños o moderados.[cita requerida] Los críticos de la percepción extrasensorial arguyen que los sobre percepción extrasensorial, a pesar de lo cual su existencia se considera bien fundada.[cita requerida]


Una experiencia extrasensorial es aquella en la que parece que la mente de una persona ha adquirido la información remota, es decir, aparentemente sin la mediación de los sentidos humanos conocidos o procesos de inferencia lógica. Por tanto, lo extrasensorial en la experiencia extrasensorial corresponde a juzgar por las apariencias y no necesariamente a la realidad, mientras que lo extrasensorial en la percepcion extrasensorial se refiere a la naturaleza de una presunta realidad paranormal. Se ponen a prueba dos hipótesis específicas: Una muestra de estudiantes argentinos que reportan haber tenido experiencias extrasensoriales tienen mayor capacidad de experimentar (1) alucinaciones visuales y táctiles, y (2) propensión a la esquizotipia en comparación con quienes no tuvieron experiencias extrasensoriales. Los resultados mostraron mayor nivel de esquizotipia cognitivo-perceptual y propensión a la alucinación en individuos con experiencias que quienes no las tuvieron. Los resultados sugieren que hay procesos disociativos subyacentes, como absorción y propensión a la fantasía, que parecen estar asociadas a las experiencias extrasensoriales.


Recientes estudios sobre la experiencia alucinatoria sobre individuos normales (no clínicos) defienden el modelo psicológico de la hipótesis del continuo de las experiencias alucinatorias, según el cual las alucinaciones deben ser entendidas como resultado de un proceso mental normal. Esto sugiere que un rango de experiencias alucinatorias pueden ocurrir por fuera de un cuadro clínico, y no son conducentes a un estado psicótico. Por ejemplo, Launay y Slade (1981) entrevistaron a cerca de 300 individuos, y construyeron un instrumento que contenía 12 afirmaciones sobre vividez del pensamiento, sueños diurnos, y alucinaciones visuales y verbales (Bentall, 1990, 2000). Posey y Losch (1983) encuestaron a 375 estudiantes utilizando un cuestionario que contenía descripciones de experiencias verbales, donde el 71% indicó haber experimentado tales experiencias. Barret y Etheridge (1992) encontraron que el 45% de su muestra había tenido una alucinación verbal al menos una vez al día en un mes. Wilson y Barber (1981, 1983) descubrieron que las fantasías tenían propiedades alucinatorias (Lynn & Rhue, 1988) y que la fantasía y la absorción están altamente correlacionadas (Glicksohn & Avnon, 1993-4; Rader & Tellegen, 1987) involucrando a la imaginería mental (George & Krippner, 1984; Honorton, Tierney & Torres, 1974; Crawford, Brown & Moon, 1993; Glickson & Avnon, 1997) y a las experiencias subjetivas y las creencias (Alvarado, 2000; Glickson, 1990).


La percepción extrasensorial fue objeto de investigación científica sistemática desde 1930 (Broughton, 1991; Edge et al., 1986; Irwin & Watt, 2007, Parra, 2003; Radin, 1997). Las experiencias extrasensoriales incluyen formas de comunicación anómala, tales como la telepatía (comunicación mente a mente), la clarividencia o visión remota (conocimiento de eventos remotos fuera del alcance sensorial), y la precognición (conocimiento cierto de un evento futuro). Estas experiencias están definidas en términos fenomenológicos; esto significa, que involucra algún proceso paranormal.


Sin embargo, la creencia en sueños premonitorios, visiones, y apariciones ha influido tanto en la antiguedad como en la civilización moderna. Los casos de experiencias extrasensoriales, sean en sueños o en vigilia, parecen ser una experiencia humana común. En los Estados Unidos, por ejemplo, el Centro Nacional de Investigación de Opinión de la Universidad de Chicago reveló que aproximadamente 1500 americanos adultos (67%) declararon haber tenido tales experiencias (Greeley, 1987). En la mayoría de los países donde se han realizado encuestas, estas experiencias aparecen en más de la mitad de la población (Emmons & Sobal, 1981; Greeley, 1975, 1985; McClenon, 1988, 1993; Palmer, 1979), en Europa (Haraldsson & Houtkooper, 1991), Medio Oriente (Glicksohn, 1990), América Latina (Gómez Montanelli & Parra, 2005; Zangari & Machado, 1994), Asia (Emmons, 1982; McClenon, 1988, 1993), y Australasia (Clarke, 1995; Irwin, 1985; Thalbourne, 1995). Las experiencias extrasensoriales, que incluyen experiencias de telepatía (comunicación directa mente-a-mente), clarividencia (conocimiento anómalo de un evento remoto), y precognición (conocimiento del futuro), han sido objeto de investigación científica sistemática por muchos años (Broughton, 1991; Edge, Morris, Palmer & Rush, 1986; Irwin & Watt, 2007; Radin, 1997). Por lo general, estas experiencias son definidas en términos fenomenológicos; esto es, para el individuo algún proceso paranormal está involucrado (para una revisión ver Bem & Honorton, 1994).


El estudio sistemático de las experiencias extrasensoriales también se lleva a cabo a través del estudio de numerosas colecciones de casos individuales. La compilación de casos comenzó a finales del 1880 (Gurney, Myers & Podmore, 1886) y continua hasta el presente (Gómez, Montanelli & Parra, 2005). De acuerdo al análisis de casos de L. E. Rhine (1953), la experiencia extrasensorial puede incluir cuatro modalidades subjetivas: impresiones intuitivas, alucinaciones, imagenes visuales realísticas, e imagenes visuales no realísticas. Una impresión intuitiva comprende una impresión imaginaria o corazonada; el individuo dice que sabía acerca de algún evento distante. Las imágenes visuales realísticas de las experiencias extrasensoriales ocurren comúnmente bajo la forma de sueños en los cuales la imaginería es una representación muy detallada y literal de los eventos acerca de los cuales éstos se refieren. En las imagenes visuales no realísticas, en cambio, la imaginería es de tipo fantasioso e ilusorio; en este caso, la información acerca del evento podría estar dramatizada o estar descrita, por ejemplo, de forma simbólica. En la muestra de L. E. Rhine (1962, 1981), que coleccionó 15.000 casos de experiencias extrasensoriales, el 26% de los casos eran intuitivos, el 9% alucinatorios, el 44% imaginería visual realística, y el 21% imaginería visual no realística. La mayoría de las experiencias precognitivas ocurren en sueños bajo la forma de imagenes visuales realísticas (Sannwald, 1963).


Rhine (1981), examinó las cuatro formas de la experiencia definida como si ésta representara el significado general de lo que ocurrió y para quien. Por lo general, involucraban algún tipo de imaginería. Rhine encontró que el 64% contenían relatos asociados a sueños, fantasías y experiencias alucinatorias comparadas con el 29% de las cuales eran intuitivas, el 65% involucraban alguna forma de imaginería como conductor de la experiencia telepática. Se encontró que las imagenes visuales realísticas tienen el nivel más alto de integridad de contenido (91%), seguidas por imagenes no realísticas (72%), intuiciones (55%) y experiencias alucinatorias (32%), se describen como muy precisas y significativas, y en el 36% de los casos, los individuos estaban convencidos de la realidad de su experiencia en el momento en que ocurrían. Esta sensación de certeza es más frecuente cuando involucran impresiones intuitivas (84%) pero menos en imagenes visuales no realísticas (19%) (Rhine, 1981; Schouten, 1981). En la colección de Sannwald (1963), el 73% de sus casos involucraban alguna forma de imaginería, en la de Green (1960) el 76% tenía imaginería comparado con el 15% de tipo intuitivo, en la de Prasad y Stevenson (1968) el 68% y 32%, respectivamente. Según L. E. Rhine (1981) las impresiones consisten de una percepción simple y sin efecto, o una corazonada. No hay imaginería acompañando a la experiencia, ni proceso consciente alguno de ningún pensamiento racional conduciendo la impresión. Un caso de este tipo es el siguiente:


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